Un amor que jamás podré olvidar

Ahí fue cuando conocí a Alejandro un chico de los más lindos, cariñoso y atento

Todo comenzó hace 5 años (tengo 23). El primer amor se queda en nuestra memoria por siempre, dijo no me dejarán mentir.

Un día con una amiga empezamos a ir a una plaza en el Centro de la Ciudad (Las Lomitas). Ahí se juntaban en ese entonces varios chicos y chicas de diferentes edades con la finalidad de pasar un rato y conocer a más como nosotros. Ahí fue cuando conocí a Alejandro un chico de los más lindos, cariñoso y atento, algo que en lo personal en aquel entonces no había conocido en alguien. Tenía una sonrisa que, literal, contagiaba a todos. Él era 2 año y medio menor que yo, trabajador y muy responsable. Fuimos a muchas reuniones donde me lo tope, hasta que un día me enteré por otros amigos que ya había terminado su relación con su ex. Poco a poco me fui llevando más con su mejor amigo, vernos más en reuniones, frecuentarnos etc. Hasta que un día tuvimos una plática muy extensa y creo que desde ese entonces se dio cuenta de lo que yo sentía por el por algunas indirectas que le pueden haber dado.

Un día después de algunas semanas de estar viéndonos, se me ocurrió marcarle saliendo del trabajo (trabajaba en un salón de fiestas) y me pidió que fuera a la casa de su mejor amigo. Me dijo que me quería ver, literal. Eso iluminó mi mundo y sin pensarlo dos veces tome un taxi y me dirigí a la casa. Al llegar la puerta estaba abierta y entré y estaba amenizado con un toque romántico (yo pensando que era un detalle por parte del mejor amigo de Alejandro a su pareja), pero mi gran sorpresa era que no. Salió Alejandro del cuarto vestido con un pantalón de vestir negro, descalzo y con una camisa blanca (uniforme de su trabajo). Comenzamos a platicar y, bueno, ya sabrán lo que paso, fue el mejor momento de mi vida, mi primer amor.

Claro está, yo me fui sin permiso de mi casa. Ya eran las 2:30am y apenas iba llegando a la casa. En eso mi madre iba llegando y me dio una bronca (que no me importó).
Pasaron los meses y todo en lo personal iba muy bien. Me sentía el chico más suertudo del mundo, pero bueno, ahí me di cuenta que nada es para siempre. Dio la casualidad de conocer a un chico, dejemos su nombre en Kevin. Yo no me daba cuenta pero Alejandro y Kevin tenían algo que ver.

Un día el mejor amigo de Alejandro, nos invitó a su casa y nos fuimos todos juntos y tocó la casualidad que Alejandro y Kevin se fueron juntos en un taxi y yo con otros amigos. Llegamos a nuestro destino y después de un rato Alejandro me habló, me abrazó y me dijo: “Mejor dejamos esto así. No quiero verte en lo alto de una nube y luego verte caer, porque ese golpe será fuerte para vos como para mí”.

Desgraciadamente el golpe llegó en ese momento. Mi mundo se derrumbó. Lo mejor que pude hacer fue irme corriendo, tomar un taxi e irme a mi casa.

Pasaron los meses y llegó su cumpleaños. Decidí marcarle, tomar la iniciativa y dejar los rencores, y olvidar el dolor que me hizo, pero la verdad aun lo amaba con todo mi ser, con todo mi corazón. A partir de ese momento empezamos una amistad. Una de las veces que nos vimos me contó varias cosas que la verdad yo no sabía y no debía de haber sabido, pero bueno, a él le gustaban mucho los delfines y le regalé un dije con un delfín de plata. Ese día me abrazó como antes lo hacía y me agradeció mucho por ello.

Tuvimos buena comunicación por unos años. Yo me había mudado a Rosario y el a Roque Saenz Peña. Un día, en diciembre, él me marcó y me comentó que iba a visitar a su mamá y sus hermanos al norte. Que pasaría Navidad y Año Nuevo con ellos, pero que en enero nos veíamos. Yo le dije: “Claro, ve con cuidado, pásala muy bien y llegando nos vemos”.
Pasaron los meses y no tuve noticias de él. De igual manera escuela y trabajo me tenían ocupado y pues dije “él llamará”.

Pasó un año y el 31 de Diciembre (mi cumpleaños) fui a un pub a festejar con varios amigos y amigas. En la fila me encontré a su mejor amigo y decidí preguntarle por él, a lo que sorprendido me contestó: “¿No viste las noticias? ¿No supiste?”. Yo le contesté: “No sé de qué me hablas… ¿Qué pasó?” “Falleció”, dijo.

Quedé en shock, no le creí. Me di la media vuelta, pagué la entrada y pensé dentro de mí: “Está jugando, no pasó nada, de rato le marco”. Pasó la noche y me distraje, decidí ir al baño y en las escalera me tope a otra amiga en común, a lo que le pregunté nuevamente por Alejandro. La respuesta fue la misma. Nuevamente mi mundo se derrumbó, pero ahora con más rapidez, más tristeza, más dolor. Dejé a todo mundo en el pub y me fui a mi casa. Llegué gritando, pataleando y tirando cosas. Mi mamá se levantó asustada creyendo que estaba borracha o drogada. “¿Qué tienes?”, me gritó. A lo que le contesté: “¿Se acuerda de Alejandro?” A lo que me dijo “Si, ¿el chico con el que salías?” Le contesté: “Sí, espero estés feliz… Porque ya no estará más en mi vida. Falleció”. A lo que se hizo un silencio. Desde ese entonces ella comprendió que yo sí lo amé demasiado, pues casi creo que mi vida se quería esfumar en ese momento.

¿Saben qué es lo más doloroso de esto? No me pude despedir de él, no pude conservar una foto de él, no pude darle un beso de despedida. Todo lo que tengo es una carta que llegó un año después. Él falleció dos meses después de la llamada de diciembre en la carretera. El carro donde iba choco contra un tráiler.

Esta es mi historia de amor. Un amor que fue lo más puro y hermoso que pudo haberme pasado en ese entonces, un amor que la verdad jamás podré olvidar, porque siempre estará en mi corazón y en mi mente. Aunque estoy en otra relación a quien amo demasiado, jamás, olvidare los momentos que me hizo pasar Alejandro…

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