Olvidando de olvidar

Sólo espera a que los mares se sequen, los inviernos den calor y el sol deje de brillar...

Después de esa noche de sombras y dolor, esas que muchos o pocos por amor pasamos, con el cuerpo dolido el alma destrozada y el corazón funcionando a mitad. Me pregunte cuál era la solución.

El olvido retumbó una voz en mi cabeza. Y a eso me dedique. Me contaron que un brujo me podía ayudar y Salí en su búsqueda. Era una tarde de abril, llovía hacia frio y yo me encontraba frente a la puerta de ese hombre mágico. Golpee su puerta sin demasiada fuerza, ya que al ver su estado pensé la rompería, nadie respondió. Volví a golpear. En mi segundo intento la puerta se abrió, para mi sorpresa la puerta se había abierto sola, solo veía una habitación en penumbras, alumbrada por la luz tenue de una fogata, una habitación desprovista de muebles, trate de enfocar mi vista, mi poca visual por ciertas enfermedades no me permitía ver bien.

Escuche una leve voz que venia del fondo de ese lugar, me invitaba a sentarme a su lado. Era una persona diminuta, carente de ropa como de dentadura, su aspecto era desprolijo y su edad incierta. Descansaba todo su cuerpo sentado sobre sus talones, mire a su alrededor todo era sombras, el miedo me recorría la espalda en forma de sudor frio. Pensé pedir perdón y salir corriendo de ese lugar. Pero el motivo por lo cual yo estaba ahí era más fuerte, El olvido. Su respiración se sentía leve. Despacio me senté frente de él, sentí su mirada sobre mí, pasamos unos minutos tratando de descubrirnos hasta que rompió el silencio.

Sé que buscas, sé por qué vienes a verme y continuo, para ayudarte necesito saberlo todo, toda tu historia todos los detalles. Su pausado voz parecía salir de un manantial profundo de sabiduría y me fui tranquilizando, dime volvió a decir y cuéntame de ella. Así que empecé mi relato el cual me llevo, desde la alegría a la tristeza, de las risas al llanto, de la esperanza a la desazón. Al finalizar solo le dije. Sé que el amor es de a dos, no vengo a buscar un conjuro porque eso sería amar al desnudo. Solo busco el olvido. Todo quedo en silencio, solo el crepitar de la fogata lo rompía.

Pensé si se había dormido, su respiración se sentía suave y tranquila, en esa habitación nada se movía, lentamente se fue poniendo de pie, era como si flotara, lo vi crecer y me sorprendió su tamaño. Dio un paso ligero y quedo casi sobre mí, me extendió su mano y me ayudo a levantarme. Gire mi cabeza hacia la puerta y vi por las hendijas de la puerta destartalada, que la noche ya estaba ahí, más oscura que nunca había perdido la noción del tiempo y temí volver a sufrir lo de todas las noches. Su recuerdo.

Muy suavemente se acercó más a mí y hablándome casi en susurro me dijo. Te curaras, no temas. La olvidaras. Sólo espera a que los mares se sequen, los inviernos den calor y el sol deje de brillar.

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