Del odio al amor

Un día nos convocaron a una reunión de trabajo en otra ciudad y teníamos que pasar ahí dos días

Cuando conocí a Carlos nunca imaginé que las cosas terminarían así, porque no nos soportábamos mutuamente. Él entró a trabajar a mi oficina y justo al lado de mi mesa, y me caía mal desde el principio. Lo veía un petardo absoluto, chulo y prepotente, encima de esos que no tienen ni idea de nada pero que encima aparentar saber y quedan bien ante los demás, vamos, una joyita.

Yo a él tampoco le caí bien, decía que era una rancia y una tiquismiquis, que siempre me estaba quejando de todo, y nuestro odio era mutuo y más que evidente. De hecho hasta el jefe nos dijo más de una vez que intentásemos llevarnos mejor, pero era imposible.

Un día nos convocaron a una reunión de trabajo en otra ciudad y teníamos que pasar ahí dos días. Yo llegué a casa desesperada cuando me enteré, pensando en tener que estar dos días con ese tonto. Pero no quedaba otra y teníamos que ser maduros así que afrontamos el viaje como pudimos. Durante la ida (íbamos en su coche) fuimos callados casi todo el camino. No teníamos ganas ni de esforzarnos por hablar del tiempo. La radio, y poco más.

Luego estuvimos ahí en la reunión y cuando terminó Carlos me dijo que si quería que tomásemos algo antes de ir a cenar, se notó que lo dijo un poco por decir pero ya que estábamos ahí y también por no ser una borde integral le dije que bueno, que vale. Así que nos fuimos a un bar cerca del hotel donde dormíamos y nos tomamos algo. La verdad es que ese momento fue el mejor de los que habíamos tenido hasta entonces, porque de repente estábamos más relajados, comentando la reunión primero y luego hablando de otras cosas, me sorprendió no sentirme incómoda con él y que estuviésemos hablando así. Cenamos, nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones y a dormir.

Al día siguiente teníamos que volver a nuestra ciudad y el viaje de vuelta fue mucho más ameno que el de ida, no paramos de hablar, y pensé que no me caía tan mal el tipo este… Que todo lo que aparentaba de prepotente y chulo era precisamente eso, una fachada, un escudo que se ponía para ser más fuerte pero que en realidad era un tío bastante más normal que todo eso, simpático y a veces hasta gracioso.

Total que parece que yo a él también le parecí menos rancia y más maja y en la oficina empezamos a llevarnos bien. La gente notó el cambio e incluso nos hacían bromas en plan: pero qué ha pasado en ese viaje?? Era todo bastante extraño pero cada día estábamos mejor, más cercanos, y empezamos a quedar fuera de la oficina… Así hasta hoy, que llevamos 3 años y pico casados, tenemos una niña maravillosa y somos muy felices juntos. ¿A que no imaginabais que iba a terminar así la historia?? ¡¡Nosotros tampoco!!

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