Chocolates

El invierno llegó, y también un cambio de trabajo, que me mantiene el doble de ocupada. Ya no pensaba en EL...

Recuerdo que en ese entonces era una niña de quince años. Frente a mi casa inauguraba una estacion de servicios. Yo solía tener la costumbre de pedirle dinero a mi padre para comprarme chocolates antes de ir al colegio y, como toda chica curiosa fui a comprar mi merienda al nuevo negocio. Para mi sorpresa, ahí fue que detrás del mostrador estaba EL.

-El amor a primera vista, para mí, fue un instante mágico que marcó en mi vida un antes y un después-

EL tiene siete años más que yo, una mirada del color del cielo y un cuerpo extremadamente sensual. De allí en más, ese fue mi nuevo lugar donde todos los dias antes de ir al colegio iba a comprar chocolates y esa era la excusa perfecta para verlo a EL.

Jamás me animé a hablarle, el tiempo pasó y a mis 18 perdí trágicamente a mi padre y entre tanto, también aquella graciosa y astuta costumbre de ir a comprar chocolates a ese lugar.

Era un sábado de un lluvioso octubre, ya tenía 19 años y había pasado un año de ese suceso. Me reuní en casa con cinco amigas, y entre tragos de por medio charlando de amores, inocentemente lo nombré a EL, resaltando el hecho de que jamás me había animado a hablarle. Horas mas tarde ya habíamos bebido demasiado, el tema se había cerrado (aunque noté que dos de mis amigas secreteaban demasiado entre ellas, pero no le di demasiada importancia).

Ya era de madrugada y los cigarrillos se habían terminado, por lo cual dos de mis amigas antes nombradas se cruzan a la estación de servicio a comprar, y entre muecas cómplices noté que algo raro tramaban, pero me limité a averiguarlo. No pasó mucho tiempo más, ya estaba amaneciendo y estábamos ebrias, mis amigas tomaron un taxi hacia sus casas y yo me fui a dormir. Al despertar, para mi sorpresa, miro mi celular y ahí estaba un mensaje de EL… y claramente se resolvió el misterio de la complicidad de mis amigas, y ahí supe que además de comprar cigarrillos le dejaron mi número de celular vaya a saber con qué cuento (jamás quise saberlo). En fin, nos escribíamos todo el tiempo además de tiernas miradas cuando yo entraba o salía de mi casa.

Ya habían pasado algunos días, octubre estaba por terminarse y el 29 de ese mes fue nuestro primer encuentro. EL paso a buscarme en su auto, dimos un par de vueltas y frenamos en una plaza. Recuerdo que no podíamos parar de reírnos. Hablamos hasta por los codos. Todavía recuerdo la remera gris que EL llevaba y el primer beso que me robó.
Desde ahí en adelante, EL pasaba a buscarme todas las noches, teníamos la costumbre de charlar y reírnos a más no poder.

Diciembre se avecinaba, el día 3 de aquel mes yo cumplía mis 20 años y fue esa noche magica en la que por primera vez hicimos el amor.

El verano nos acompañaba, mis días con EL eran realmente increíbles.

Pasamos año nuevo juntos y esa noche me muestra su album de fotos familiar y ahi, con su historia, supe que es oriundo de un pueblo que queda a cientos de kilometros de mi ciudad.

En febrero, EL se tomó vacaciones hacia su lugar de orígen por un mes y ya en el mes de marzo, cuando volvió, noté como un vacío amargo fue adueñandose de mí.
Los días fueron pasando, su cambio de actitud hacia mi fue gradual. Hubiera preferido que cortemos por lo sano, pero no fue así.

De ahí en mas mis días fueron dominados por la incertidumbre -cada vez nos veíamos menos, nuestras charlas eran distantes, su trato era cortante por un lado y por el otro tan amoroso como siempre.

Desde pequeña mi padre destacaba mi astucia y mi olfato, solía decir que tenía un sexto sentido muy fuerte. Y nadie podría quitarme de la cabeza que EL no me tenía solamente a mi en su corazón.

Inevitablemente me veía fragil, él no quería soltarme pero tampoco era claro con respecto a lo que quería conmigo. Por eso supe que debia terminar esta relación y continuar con mi vida, y eso fue exactamente lo que hice entre medio de una fuerte discusión.
La decisión fue complicada, al principio me costaba comenzar mis dias, odiaba sentirme debil y tambien tenía que lidiar con esa lucha constante entre mis ganas de correr a sus brazos y mi dignidad. Mantener la postura y tratar de no pensar fue una tarea agonizante.
Intentamos todo tipo de acuerdos, EL me escribia para saber como yo estaba, o para decirme lo linda que me vio al llegar a mi casa… lo cuál ignorarlo fue una tarea sumamente dificil.

El invierno llegó, y también un cambio de trabajo, que me mantiene el doble de ocupada. Ya no pensaba en EL, ni siquiera por tener que verlo constantemente. Todo marchaba bien hasta que ayer me llegó un mensaje de el pidiendome que nos juntemos a hablar personalmente.

No se que decision tomaré en ese momento, pero espero sea la correcta…

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