Amor imaginario

Recientemente tuve una crisis emocional.

Hace casi diez años me abandonó mi esposo. Desde entonces no he vuelto a tener pareja sentimental y me he dedicado a mi hijo y a mi trabajo. Gracias a que mi familia adoptiva me ayuda con el cuidado de mi hijo, he alcanzado cierto éxito en el trabajo y podría considerarme una mujer que ha alcanzado sus metas.

Sin embargo, recientemente tuve una crisis emocional: había decidido cambiar de trabajo y en el ínter participé como voluntaria en una misión comunitaria donde conocí a un hombre que me conmovió muchísimo. Aunque solo fue una semana, compartimos momentos muy intensos en la atención a la comunidad. Es un nombre muy cálido en su trato, muy dedicado en su profesión y muy generoso en su atención. De regreso a casa, ya en mi nuevo trabajo, seguimos en contacto a través de mensajes diarios. Él me manda mensajes de ánimo, de superación, de apoyo espiritual y una que otra broma. Jamás me ha insinuado ni el más mínimo interés en algo más que una simple amistad.

Alguna vez que me pasé de copas con una amiga me atreví a llamarle y decirle “buenas noches”; él se dio cuenta de mi estado y estuvimos platicando un buen rato. Sin proponérselo, me brindó un hombro sobre el cual llorar mucha de mi desolación postergada. Después de eso, la amistad ha seguido sin más cambios, pero yo he sentido crecer en mí su imagen. En el trabajo, con el cambio de ambiente y de compañeros, donde todos tienen pareja, pero nunca falta uno que otro que busca un ligue fácil, me siento desprotegida. La idealización que he hecho de este amigo me emociona, me enamora, me sirve de escudo protector. Mi cabeza me dice que estoy engañándome a mí misma, que existe una realidad donde puedo encontrar lo que necesito. Pero en medio de mi pecho, este amor imaginario es como un caballero de dorada armadura que lucha contra el dragón de hielo que me aprisiona.

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